La guerra no solo deja muertos. Deja cuerpos que respiran, caminan, hablan… pero ya no están. Este texto explora lo que queda de una persona cuando regresa del frente, de la cárcel o del exilio. Porque volver no siempre es regresar: a veces es quedarse atrapado en un lugar que ya no existe.

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Todo lo que ves aquí no está pensado para complacer. Es para incomodar, remover y dar vueltas a lo que parece evidente. Este espacio no es un premio: es una invitación a mirar con más atención, a escuchar con menos ruido, a quedarse incluso cuando no apetece.


Lo que compartimos en esta parte del sitio no se negocia con algoritmos. Va sin filtros, sin adornos, sin fórmulas. Si llegaste hasta aquí, es porque sabes que hay otra forma de contar. Y de leer.